Cuidado crítico y diagnóstico: decisiones que trascienden la UCI
jueves 9 julio 2026
Durante las últimas décadas, el cuidado crítico ha evolucionado más allá de la mera estabilización de pacientes graves. Hoy se reconoce que las decisiones diagnósticas tomadas en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) no solo influencian la supervivencia inmediata, sino que también determinan la trayectoria clínica a largo plazo, la experiencia del paciente, la eficiencia del sistema de salud y la calidad de vida tras el alta¹. En este contexto, contar con diagnósticos oportunos, bien interpretados y aplicados con criterio clínico es parte integral de una atención moderna, enfocada en la mejora continua.

El diagnóstico como eje fundamental del cuidado crítico
El paciente crítico presenta alteraciones fisiológicas dinámicas como son cambios en ventilación, equilibrio ácido–base, perfusión tisular y hemostasia que evolucionan rápidamente con la enfermedad, la respuesta inflamatoria y las intervenciones terapéuticas. La disponibilidad de tecnologías diagnósticas que permitan visualizar estos procesos en tiempo real fortalece la toma de decisiones, reduce la incertidumbre y propicia intervenciones más precisas².
Herramientas como los gases arteriales, el monitoreo de electrolitos y las pruebas viscoelásticas de coagulación (p. ej., tromboelastografía) han transformado la práctica en UCI, permitiendo evaluar procesos complejos y responder con rapidez en situaciones críticas³.

Gases arteriales: más allá de la respiración
El análisis de gases arteriales (ABG) sigue siendo un examen esencial en el paciente crítico porque integra información sobre ventilación, oxigenación y equilibrio ácido–base³. Su interpretación permite detectar desequilibrios respiratorios, metabólicos o mixtos; evaluar la respuesta a ventilación mecánica; y guiar terapias que influencian directamente el desenlace clínico.
El ABG se considera el estándar en la evaluación de la oxigenación (PaO₂) y ventilación (PaCO₂) en situaciones agudas, donde los parámetros pueden cambiar de forma rápida e inesperada. Además, la evaluación conjunta de pH, PaCO₂ y bicarbonato permite comprender compensaciones fisiológicas que podrían ocultar desequilibrios subyacentes si se analizan de forma aislada³. Esto es particularmente importante en la UCI, donde una lectura simplista de una cifra puede llevar a decisiones equivocadas.
Electrolitos: pilares del equilibrio fisiológico
El equilibrio electrolítico (sodio, potasio, cloro y calcio ionizado) es un componente clave en la función celular, la contractilidad cardíaca, la regulación del volumen y el equilibrio ácido–base. Estos iones participan en la transmisión nerviosa, la expansión del volumen extracelular y los procesos metabólicos esenciales en la respuesta al daño, shock o falla orgánica⁴.

El calcio ionizado, en especial, representa la porción biológicamente activa del calcio y es modulado tanto por el pH como por otros factores metabólicos. Su alteración puede afectar desde la contractilidad cardíaca hasta la estabilidad hemostática, y su interpretación apropiada es crítica en enfermedades graves. Un valor de calcio ionizado normal puede brindar una perspectiva más certera de la fisiología del paciente que un calcio total, que no refleja su estado activo en tiempo real.
Tromboelastografía: visión dinámica de la coagulación
A diferencia de los análisis convencionales de coagulación (como tiempo de protrombina o tiempo parcial de tromboplastina), las pruebas viscoelásticas tales como la tromboelastografía ofrecen una evaluación integral y dinámica de la hemostasia en sangre total. Esto significa que capturan la interacción de factores plasmáticos, plaquetas, fibrina, y fibrinolisis desde la formación del coágulo hasta su deterioro o estabilidad¹.
El uso de viscoelastic testing permite observar en tiempo real parámetros como:
- Inicio de la coagulación
- Velocidad de formación del coágulo
- Fuerza máxima del coágulo
- Grado y tiempo de fibrinolisis
Estos parámetros ayudan a identificar perfiles de coagulopatía invisibles a las pruebas convencionales, como hipocoagulabilidad, hiperfibrinolisis o estados hipercoagulables tempranos¹.
Aunque se requiere capacitación en interpretación y algunos aspectos de implementación clínica aún están bajo estudio, las guías actuales y revisiones narrativas respaldan el uso de estas pruebas como complemento diagnóstico valioso en escenarios de trauma, cirugía mayor, enfermedades hepáticas y UCI¹,⁵.
Impacto del diagnóstico más allá de la UCI
Las decisiones que se toman en la UCI —especialmente aquellas guiadas por diagnósticos fisiológicos precisos— tienen efectos que se extienden más allá del alta hospitalaria. Identificar desequilibrios metabólicos temprano, detectar alteraciones respiratorias o hemostáticas oportunamente, y ajustar la terapia conforme al contexto fisiológico del paciente reduce complicaciones, disminuye reingresos y mejora la recuperación funcional.

Además, estas prácticas contribuyen a una atención más eficiente, con menor uso innecesario de recursos, optimización del personal clínico y reducción de costos asociados con tratamientos incorrectos o tardíos. En última instancia, el diagnóstico oportuno mejora tanto la experiencia del paciente como los resultados del sistema de salud en conjunto.
Mejora continua: integrar diagnóstico y criterio clínico
La mejora continua en salud no solo implica corregir errores, sino sistematizar buenas prácticas. El uso de herramientas diagnósticas avanzadas en escenarios críticos permite generar ciclos de retroalimentación clínica: medir, interpretar, actuar y evaluar resultados. Esta retroalimentación tipo learning health system facilita cambios progresivos en la práctica clínica, traducción más rápida de evidencia y mejores resultados poblacionales.

Integrar gases arteriales, el monitoreo de electrolitos y pruebas viscoelásticas en un enfoque diagnóstico coherente permite una atención más segura, eficiente y centrada en el paciente. Además, fortalece la cultura de decisiones basadas en evidencia y orientadas a resultados reproductibles.
Conclusión
El cuidado crítico actual reconoce que las decisiones diagnósticas no terminan en la UCI, sino que trascienden ese entorno, impactando la trayectoria de recuperación y la experiencia del paciente. El uso de diagnósticos oportunos y su correcta interpretación —especialmente con gases arteriales, evaluación electrolítica y pruebas viscoelásticas de coagulación— permiten tomar decisiones clínicas más precisas, sustentadas en fisiología real y no solamente en síntomas aislados. Esta aproximación impulsa una atención más humana, responsable y eficiente, contribuyendo a una mejor salud para los pacientes y al fortalecimiento de los sistemas sanitarios.
REFERENCIAS
¹ Castro, D., Patil, S. M., Zubair, M., & Keenaghan, M. (2024). Arterial Blood Gas. StatPearls.
² Lee, G. R. (2025). Clinical applications of blood gas analysis: a comparative review. Acute and Critical Care.
³ Martin-Arsanios, D. A. (2024). Interpretación de gases arteriales sanguíneos: revisión.
⁴ Sistema de Información de Exámenes hospitalarios. Perfil completo de gases arteriales y electrolitos (2024).
⁵ Hartmann, J., Hermelin, D., & Levy, J. H. (2022). Viscoelastic testing: an illustrated review of technology and clinical applications. Research and Practice in Thrombosis and Haemostasis.
⁶ Reardon, B., Pasalic, L., & Favaloro, E. J. (2024). The role of viscoelastic testing in assessing hemostasis: a challenge to standard laboratory assays. Journal of Clinical Medicine.