Diagnóstico de la tuberculosis en la era molecular: actualización OMS/OPS y aplicación en Colombia

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A pesar de contar con un tratamiento efectivo desde hace décadas, la tuberculosis (TB) continúa cobrando más de un millón de vidas cada año y sigue siendo una de las principales causas de muerte por un solo agente infeccioso en el mundo. Desde 2024, más de 10,7 millones de personas han contraído la enfermedad, y buena parte de esa carga podría reducirse si el diagnóstico llegara a tiempo. Consciente de ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó en marzo de 2026 sus directrices de tamizaje, respaldando pruebas moleculares rápidas junto con nuevas herramientas de bajo costo, pensadas para acercar el diagnóstico a la atención primaria. En Colombia, la incorporación progresiva de estas tecnologías ha comenzado a transformar la manera en que se detecta la enfermedad, aunque persisten brechas de cobertura que impiden que ese avance llegue por igual a todo el territorio.

Del laboratorio al punto de atención

Durante más de un siglo, el diagnóstico de la TB dependió casi exclusivamente de la baciloscopia, una técnica accesible, pero de sensibilidad limitada, especialmente en personas con baja carga bacilar. Ese panorama comenzó a cambiar con la llegada de las pruebas de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT), capaces de identificar Mycobacterium tuberculosis y detectar simultáneamente resistencia a la rifampicina en cuestión de horas. La OMS ya recomienda estas pruebas como método inicial frente a la sospecha de TB pulmonar y extrapulmonar. Ahora, sus directrices de 2026 dan un paso más al avalar pruebas portátiles de bajo costo (hasta la mitad del precio de las moleculares tradicionales) y el uso de muestras de lengua como alternativa no invasiva, especialmente útil en niños y en entornos con escasa infraestructura de laboratorio.

Herramientas complementarias para casos complejos

El menú diagnóstico se ha diversificado más allá de las pruebas de primera línea. Los ensayos de liberación de interferón gamma (IGRA) permiten identificar infección latente en contactos y poblaciones de riesgo; los ensayos de sonda lineal (LPA) amplían el perfil de resistencia a isoniazida, fluoroquinolonas e inyectables de segunda línea; y la secuenciación de nueva generación (NGS) ofrece una caracterización genómica más detallada en casos con patrones de resistencia complejos. Ninguna de estas herramientas sustituye a las demás; su valor está en combinarse según el contexto clínico y el nivel de complejidad del servicio de salud donde se apliquen.

Un diagnóstico a la medida de cada paciente

No existe una única ruta diagnóstica válida para todos los casos. En adultos con síntomas respiratorios y alta carga bacilar, las pruebas moleculares rápidas permiten confirmar el diagnóstico e iniciar tratamiento de forma casi inmediata. En cambio, en niños y personas con VIH (donde la enfermedad suele ser paucibacilar y más difícil de detectar) es necesario complementar con cultivo y técnicas de mayor sensibilidad. Los algoritmos diagnósticos integrados que promueve la OMS buscan justamente eso: combinar variables clínicas, epidemiológicas y de laboratorio para no dejar a estas poblaciones en desventaja. De forma paralela, integrar el tamizaje de TB con programas de VIH, diabetes y otras condiciones inmunosupresoras permite un abordaje más eficiente, en lugar de tratar cada enfermedad como un compartimento aislado del sistema de salud.

Colombia: avances que aún no cierran la brecha

En la Región de las Américas, los casos de TB han crecido un 20% en la última década, y aunque el acceso a pruebas moleculares rápidas mejoró de 40% en 2022 a 47% en 2023, ese ritmo de expansión se ha desacelerado frente a años anteriores. Colombia no es ajena a esta tendencia: el país ha ampliado su red de diagnóstico molecular, lo que ha permitido acortar los tiempos de detección y mejorar la identificación de casos resistentes, pero la cobertura continúa siendo desigual entre zonas urbanas y rurales, y entre poblaciones como comunidades indígenas, personas privadas de la libertad y personas con VIH. El Plan nacional para la prevención y control de la tuberculosis 2025-2031 identifica precisamente estos vacíos como prioridad, apostando por fortalecer la vigilancia epidemiológica y descentralizar las capacidades diagnósticas.

Las nuevas directrices de la OMS confirman que el futuro del diagnóstico de la tuberculosis no depende de una sola tecnología, sino de un ecosistema de herramientas (desde pruebas moleculares rápidas hasta secuenciación genómica) capaz de adaptarse a cada contexto clínico y territorial. Colombia ha dado pasos importantes en esa dirección, pero cerrar la brecha que aún separa a las poblaciones urbanas de las rurales, y a quienes tienen acceso a un laboratorio de quienes no lo tienen, será la verdadera prueba de si la innovación diagnóstica se traduce en menos casos, menos transmisión y, finalmente, en el fin de la tuberculosis como problema de salud pública.

Bibliografía

Instituto Nacional de Salud. (2024). Tuberculosis, período epidemiológico XII. Colombia.
Ministerio de Salud y Protección Social. (2025). Plan nacional para la
prevención y control de la tuberculosis 2025-2031. Gobierno de Colombia.
Organización Panamericana de la Salud. (2025). Mientras los casos de tuberculosis siguen aumentando en las Américas, las nuevas innovaciones prometen mejoras en el diagnóstico temprano y el tratamiento. https://www.paho.org • Organización Panamericana de la Salud. (2026). Tuberculosis. https://www.paho.org • Organización Mundial de la Salud. (2026). La OMS recomienda nuevos medios de diagnóstico para ayudar a poner fin a la tuberculosis. https://www.who.int • RadiologiaLatam. (2025). Tuberculosis en 2025: ¿Cómo erradicar una epidemia silenciosa? https://radiologialatam.com • Current Landscape of Molecular Diagnostic Tests and Emerging Tools for Tuberculosis and Drug Resistance. (2026). Diagnostics, 16(13), 2133.

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