Un nuevo rumbo en salud mundial: cuando las enfermedades crónicas y la salud mental se enfrentan juntas

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Las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) y los trastornos de salud mental representan hoy la mayor carga de enfermedad a nivel mundial. Durante décadas, ambas problemáticas han sido abordadas de manera fragmentada, pese a compartir determinantes sociales, factores de riesgo y consecuencias económicas profundas. Sin embargo, en diciembre de 2025, la comunidad internacional marcó un punto de inflexión donde líderes globales adoptaron una declaración histórica para enfrentar de manera integrada las ENT y la salud mental, con metas concretas hacia el año 2030.

Este acuerdo, adoptado en la Asamblea General de las Naciones Unidas, reconoce que no es posible mejorar la salud poblacional sin abordar simultáneamente el bienestar mental y las enfermedades crónicas, responsables de más del 70 % de las muertes globales y de una parte sustancial de la discapacidad y pérdida de productividad en todas las regiones del mundo.

La doble carga: enfermedades crónicas y salud mental

Las ENT incluyen patologías como enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas. Estas condiciones no solo generan mortalidad prematura, sino que también demandan atención prolongada, generan altos costos sanitarios y afectan la calidad de vida de millones de personas.

De forma paralela, los trastornos mentales, como la depresión y la ansiedad, afectan a más de 1.000 millones de personas en el mundo, y son una de las principales causas de discapacidad global. La evidencia científica demuestra que existe una relación bidireccional entre ambas condiciones, las personas con ENT tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos mentales, y quienes padecen problemas de salud mental presentan peor pronóstico y menor adherencia al tratamiento de enfermedades crónicas. Este reconocimiento fue clave para impulsar una respuesta política conjunta, que supera la visión tradicional de la salud como un fenómeno exclusivamente biomédico.

Una declaración histórica: ¿qué se acordó?

La Declaración Política sobre Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental aprobada en diciembre de 2025 establece un marco global de acción basado en equidad, prevención y fortalecimiento de los sistemas de salud. Entre sus compromisos más relevantes se destacan:

– Reducir el consumo de tabaco en al menos 150 millones de personas para 2030.
– Lograr que 150 millones de personas adicionales con hipertensión tengan un control efectivo.
– Garantizar acceso a servicios de salud mental a 150 millones de personas más en el mundo.

Adicionalmente, los países se comprometieron a fortalecer la atención primaria, asegurar el acceso a medicamentos esenciales, mejorar la protección financiera de los pacientes y desarrollar sistemas de vigilancia robustos para ENT y salud mental.

¿Por qué este cambio de enfoque ahora?

Las enfermedades no transmisibles representan actualmente la principal causa de muerte en el mundo, responsables de cerca del 70 % de todas las muertes globales. Estas afecciones crónicas están estrechamente asociadas con factores de riesgo prevenibles, como el consumo de tabaco, dietas poco saludables, inactividad física y contaminación ambiental. Muchos de estos mismos factores también afectan la salud mental, lo que demuestra que el binomio ENT-salud mental es más que la suma de dos problemas separados: es una realidad interconectada.

A pesar de su enorme carga, tanto las ENT como los trastornos mentales han sufrido largos periodos de infravaloración política y subfinanciación de los sistemas de salud, lo que ha retrasado respuestas eficaces y coordinadas. Reconocer esta crisis, por separado y en conjunto, ha llevado décadas de movilización científica y cívica, hasta llegar a este momento histórico en la ONU.

Objetivos globales: ¿qué se quiere lograr hacia 2030?

La nueva declaración representa la primera vez que se plantean metas globales conjuntas de esta naturaleza, con objetivos específicos y cuantificables que buscan transformar los sistemas de salud del mundo durante los próximos siete años. Entre los compromisos principales están:

➡️ 150 millones menos de consumidores de tabaco: El tabaco sigue siendo uno de los factores de riesgo más letales para las ENT, y su reducción podría prevenir millones de muertes prematuras.

➡️ 150 millones más de personas con hipertensión bajo control: La hipertensión es un importante factor de riesgo para cardiopatías y accidentes cerebrovasculares; mejorar su diagnóstico y tratamiento mejora resultados generales de salud.

➡️ 150 millones más de personas con acceso a atención de salud mental: Este objetivo apunta a cerrar brechas profundas en la provisión de servicios de salud mental, especialmente en regiones donde el acceso es limitado.

Para asegurar el cumplimiento de estas metas, la declaración también propone indicadores de progreso para 2030, tales como:

– Al menos el 80 % de los países tenga marcos normativos, legislativos y fiscales robustos relacionados con ENT y salud mental.

– El 80 % de las unidades de atención primaria cuente con medicamentos y tecnologías esenciales recomendados por la OMS.

– Al menos el 60 % de los países implemente protección financiera que reduzca los costos para los pacientes relacionados con estas afecciones.

– Que el 80 % de los países tenga planes nacionales multisectoriales activos y sistemas sólidos de vigilancia.

Estos objetivos no solo representan metas sanitarias, sino también impulsores de equidad, desarrollo sostenible y justicia social.

¿Qué significa esto para la salud global?

La declaración refrenda que las ENT y la salud mental no son solo problemas médicos, sino también desafíos que afectan la economía, las comunidades y el bienestar social. Su enfoque integrado reconoce múltiples dimensiones desde la promoción de estilos de vida saludables hasta la reducción de desigualdades en el acceso a servicios de salud.

Además, esta nueva política incorpora desafíos emergentes, como la contaminación del aire, la exposición a sustancias químicas peligrosas, el impacto del uso excesivo de pantallas y redes sociales, y la necesidad de una regulación más estricta de productos como cigarrillos electrónicos y alimentos ultra procesados.

Tal enfoque demuestra que las respuestas a estos problemas requieren esfuerzos transversales y multisectoriales, involucrando no solo a los ministerios de salud, sino también a sectores como educación, agricultura, ambiente, finanzas y trabajo, así como a la sociedad civil, organizaciones comunitarias y personas con experiencias vividas de enfermedad.

Opiniones y controversias alrededor de la declaración

Aunque la declaración contó con un apoyo abrumador de la mayoría de los estados, no fue unánime. Países como Estados Unidos y Argentina votaron en contra de este documento histórico, lo que generó debates sobre soberanía, prioridades nacionales y la forma en que las metas globales deben implementarse en contextos locales.

Críticos han señalado que las metas, aunque ambiciosas, requieren financiamiento serio, voluntad política sostenida y reformas estructurales profundas, condiciones que no están garantizadas en muchos países de ingresos bajos y medianos. Sin embargo, defensores de la declaración aseguran que su adopción representa una oportunidad única para rediseñar sistemas de salud, promover prevención eficaz y reducir la carga de enfermedad de forma sostenible.

Mirando hacia 2030: Riesgos y oportunidades

Cumplir estas metas no será sencillo. Los sistemas de salud en muchas regiones siguen debilitados por años de subinversión, barreras de acceso, desigualdades y la reciente pandemia de COVID-19, que dejó enseñanzas profundas sobre la necesidad de sistemas resilientes.

Aun así, existen oportunidades claras, la innovación en terapias y modelos de atención, el rápido crecimiento de tecnologías de salud digital, y un mayor entendimiento del impacto de la salud mental en la productividad y la calidad de vida, pueden acelerar la transformación.

Asimismo, el alineamiento de esta declaración con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) específicamente la meta 3.4 busca reducir en un tercio la mortalidad prematura por ENT y promover la salud mental y el bienestar para 2030 creando así un marco complementario robusto para la acción global.

Una nueva era en salud global

La reciente declaración mundial sobre enfermedades crónicas y salud mental representa más que un compromiso político una llamada global a la acción sin precedentes. A través de metas ambiciosas, indicadores claros y un enfoque centrado en la equidad, se espera que las ENT y los trastornos mentales dejen de ser desafíos fragmentados para convertirse en pilares de una estrategia global integrada de salud.

Si se implementa con decisión, esta hoja de ruta tiene el potencial de cambiar millones de vidas, disminuir cargas económicas, fortalecer sistemas de salud y acercarnos a un mundo donde la salud mental y física se aborden con la urgencia, dignidad y recursos que merecen.

Bibliografía

– World Health Organization. (2025, December 16). World leaders adopt a historic global declaration on noncommunicable diseases and mental health. WHO.

– World Health Organization. (2024). Noncommunicable diseases. WHO.

– United Nations. (2025). Political declaration of the high-level meeting on the prevention and control of non-communicable diseases and the promotion of mental health and well-being. United Nations.

– World Health Organization. (2023). Mental health and chronic disease: the bidirectional relationship. WHO.

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